jueves, 18 de agosto de 2016

EL HOMBRE SIN ROSTRO



Isabelle había estado en ese lugar innumerables veces. Conocía cada rincón, cada mueble, cada libro. Hoy buscaba algo diferente a lo de siempre, quería algún ejemplar que sirviera para interpretar un extraño sueño que había tenido la noche anterior.
Llegó a la S con facilidad, familiarizada con el salón se hizo de unos cuantos ejemplares y se sentó en el living dispuesto entre los libreros  para los lectores curiosos. Analizó los títulos y el contenido. Uno, en particular, le llamó la atención pero de todos selecciono parecía bastante antiguo. Su cubierta era roja y dorada. Tenía el aroma de los libros con sabiduría. Sus páginas amarillentas la atraparon y se dispuso a hacer una revisión más detallada de ese tesoro llamado simplemente “Dreams”.
La noche anterior no había sido la mejor y, en un instante, sintió pesados los párpados pero no podía dejar de leer toda la información que contenía aquellas páginas. Pestañó un segundo y se vio distraída de su lectura por el sonido de las campanas en la puerta y la llegada de un caballero.
Isabelle era una chica con clase, sabía que no debía quedarse mirando fijo a la gente pero no pudo evitarlo. El caballero llevaba puesto un sombrero de copa y un traje antiguo, algo desalineado. No lograba ver su rostro pero, aun así, su presencia la inquietó. Volvió la mirada al libro pero no pudo ignorar al misterioso caballero y levantó la vista hacia él. Parecía mirarla pero ella no lograba ver su rostro. Tenía una extraña sensación de conocerlo. ¿Cómo podía ser eso posible? Decidió irse y se incorporó rápidamente, caminó hacia la salida con la esperanza de ver al caballero más de cerca pero su sombrero impidió que le viera el rostro.
Salió del lugar un poco confundida, un poco, por la falta de descanso de la noche anterior y, otro poco, porque esa presencia la había puesto más que nerviosa. Dejó que el frío le diera en la cara para despabilarse y caminar un rato. Al dar vuelta la esquina, instintivamente, miró hacia atrás. Y ahí estaba. Ese hombre de sombrero sin rostro la estaba siguiendo. Apresuró el paso pero aun así sentía su presencia cercana, apresuró más el paso al punto de casi correr pero sentía su respiración en la nuca. Entre el miedo y el apuro, tropezó y cayó al suelo. El hombre del sobrero le extendió la mano pero aun no lograba ver su rostro. Se levantó y este hombre la tomó de un brazo y la sacudió con fuerza, con tanta fuerza como con la que ella intentó gritar.
Cuando abrió los ojos estaban los tres dependientes de la librería sacudiéndola tratando de tranquilizarla y algunos clientes curiosos en ronda sobre ella. ¡Qué papelón! pensó. Se levantó y se disculpó con el público. Al salir de la librería reparó que en la vidriera había un inmenso afiche de un nuevo best seller titulado “El hombre sin rostro” en el que reconoció al caballero de su sueño.
Claudia 13/08/2014








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